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Cerveza Pacífico cumple 110 años!

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Cerveza Pacífico cumple 110 años!

Mensaje por MaxDisel el Dom 14 Mar 2010, 6:38 pm








Con un cartón de 1/2 hemos de celebrar su cumpleaños....

king Rock Twisted Evil


Última edición por MaxDisel el Miér 08 Ago 2012, 10:17 am, editado 1 vez

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Re: Cerveza Pacífico cumple 110 años!

Mensaje por Culichiss24 el Dom 14 Mar 2010, 10:40 pm

jajaja vayanse a pistear xD
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El brindis perpetuo

Mensaje por MaxDisel el Miér 08 Ago 2012, 10:14 am


José Luis Franco
Lunes 06 de agosto de 2012





Alemanes y mazatlecos

Este dominguito 5 de agosto, con los Juegos Olímpicos encima, dos que tres resultados halagüeños y evidencias tanto irrebatibles como preocupantes que de libros y deportes no sabe un pito el futuro presidente, celebramos de manera internacional el Día de la Cerveza. Un buen paro que nos permitió rendirle culto, con excelente pretexto, a este refrescante brebaje que no ocupa un día especial para ser apreciado. Si de las madres nos acordamos en especial el día 10 de mayo, para las cheves todo fin de semana, a lo largo del año, es motivo de veneración. Y si el 5 de agosto cayó en domingo, pues ni modo, a ejercer nuestro cariño recostándolas en una hielera, bien cobijaditas con hielo frapé.


¿Quién va a rechazar darle un beso en la boca a la festejada? Apenas un degenerado. Un abstemio; uno de esos seres que llegan a la farmacia pidiendo pastillas para no soñar.


A lo largo y ancho de Sinaloa, un tanto por la fecha y otro tanto porque la fecha vale madre, pero de que sirve, sirve, el Día Internacional de la Cerveza se celebró con aguachiles, camarones secos, camarones para pelar, pescados zarandeados, pargos fritos, machos tatemados, pajaritos, carnes asadas, pollos fritos, carnitas, cacahuates, pistaches, o unos limones con sal en corcholatas, más las consabidas hieleras repletas, el ritual de honrarla. Como siempre, pues. Las mañanitas corrieron a cargo de los trasnochados y prosiguieron, prosiguieron, y nos dieron las diez y las once, las doce y la una, las dos y las tres.

En la fundación del siglo pasado las cosas en Sinaloa eran bastante diferentes a las que se presentan hoy. Culiacán era una ciudad que luchaba por salir de apuros; el puerto era un junior que aceptaba herencias chinas —aunque supiera que tenían fumaderos de opio perfectamente detectados—, filipinas, italianas, españolas, francesas y, sobre todo alemanas.

Culiacán no parió una cerveza con semejante prosapia, (la Malverde la hacen desde hace unos pocos años en Guadalajara) pero su clima la obligó a tomar en adopción la de su hermano riquillo y enternecedoramente irresponsable, que mantiene una orgía, al parecer perpetua, con su paisana, su ambarina adorada.


El inicio de esta historia se presenta más o menos así:

Si algún país extranjero funcionó como preceptor para el bisoño Mazatlán de los finales del siglo XVIII, principios del XIX, este fue sin duda el alemán. Las evidencias de su influencia y enseñanza saltan, hasta la fecha, a la vista. El kiosco de la plazuela República, el paseo Claussen, el orfanatorio, la cancha Germán Evers, la glorieta Germania, la cerveza Pacífico y el gusto por su música de instrumentos de viento y tambora, que transformaron con una creatividad que hasta los propios alemanes envidian a la fecha. No me cabe duda que si los alemanes hubieran traído tres guitarras y una batería, seguro Los Beatles hubieran nacido aquí. Mínimo los Rolling Stones.

No sé si alguien tenga a la mano la relación de dioses que se confabularon para hacer embonar a estas razas de temperamentos tan dispares, pero es indiscutible que si no se hubiera dado esa mágica empatía el perfil de nuestra ciudad sería otro y brindar en la glorieta Germania, con una Pacífico por el sol que se despide en un horizonte, veteado de estruendoso colorido, sería tan solo una imposibilidad. El paseo Clausen ni existiría. Aparte de todo lo demás.

Pero el paseo y la glorieta ahí están, las legaron los alemanes, el sol sigue despidiéndose con la misma algarabía de siempre y la cerveza Pacífico se mantiene dispuesta a ser alzada para un brindis, como aquel que en la lejana tarde del 14 de marzo de 1900 realizaron Jorge Claussen, Herman Evers, Emilio Philippi, César Boelken y Jacobo Shuehle, encerrados en una pequeña oficina de dos metros por tres, con sus paredes sin enjarrar, por las premuras de abrir esa empresa en la que habían arriesgado una fortuna de trescientos mil pesos. Estaban por llegar los invitados, varios de Culiacán, entre ellos el gobernador Cañedo, muchos de ellos entrañables amigos del presidente don Porfirio Díaz Mori, que andaba en su quinta reelección.

Los imaginamos con los nervios de punta, la atención a los detalles finales, un ejército de mazatlecos adivinándoles el pensamiento para que todo salga germánicamente bien. No era para menos, inauguraban una aventura trascendental, vestidos en trajes de lino blanco, con los bigotes recortados y convencidos de que esos barriles que donaban para rociar el banquete serían suficientes.

Listos para la ocasión, levantaron sus vasos, copeteados de espuma, y los chocaron deseándose suerte. Claussen, Philippi, Boelken, Evers y Shuehle bebieron sus cervezas, se pasaron el dorso de la mano por la boca, atenuando la humedad de sus bigotes, sonrieron y, después de acomodarse el nudo de sus corbatas, los dos últimos salieron a ofrecer atención a los invitados que empezaban a llegar. A una señal de ellos, la banda del 17° Batallón empezó a tocar. La fiesta estaba lista, los invitados habían sido puntuales. La gente se arremolinaba en un espacioso terreno situado en el costado oriente de la imponente fábrica. Evers y Shuehle se desvivían por atenderlos. Muchos, por falta de invitación, no lograrían entrar, sin embargo ellos también tendrían atenciones. La consigna era que nadie, adentro o afuera, quedara descontento. Era el debut en sociedad de la cerveza Pacífico.

Si alguien les hubiera dicho a esos empeñosos teutones que habían cruzado el mar buscando en Mazatlán la tierra prometida que su bebida se convertiría con el paso de los años en un elemento de identidad de la cultura porteña, como la tambora, los venados, el faro y los Monos Bichis, no lo hubieran creído, pinches alemanes sin visión. Tampoco hubieran dado crédito a la posibilidad de que su producto compitiera con las cervezas de su tierra natal. Y qué decir de su influencia en el desarrollo del carnaval, del deporte, del turismo, de la cultura, de la ciudad. Ellos, con todo y lo visionarios que eran, no pensaban en una centenaria trascendencia, lo que les interesaba era ofrecer una cerveza amarilla clara, alegre y fresca, como ese mazatleco mar de Gilberto Owen.

Las crónicas de la época nos refieren una gran expectativa. Y cómo no, si los mazatlecos ya habían tenido las experiencias de las cervezas de Jacobo Lang y de Díaz de León, que no habían podido abatir la importación vía marítima, principalmente desde San Francisco, de cargamentos de Häckenbräu y Löwenbräu, ni erradicar del paladar de la población el gusto por el pulque, el mezcal, las bebidas fuertes, productos que se hacían con gran calidad en la región. También mencionan con detalle el decorado del sitio, en el que destacan varios bloques de hielo (salidos de las entrañas de la recién inaugurada fábrica) con el centro lleno de rosas, y añaden un comentario premonitorio: la sabrosa bebida, que será en lo futuro la favorita de Mazatlán.


Y se quedaron cortos, porque hoy en día la cerveza Pacífico es motivo, en buena parte del mundo, de un brindis que inició una tarde del sábado 4 de mayo de 1900. Un brindis perpetuo.


El brindis del preceptor.

Por todo esto, quienes sacamos con cariño una morena recostada en una hielera, con su cobija de hielo frapé, le quitamos el sombrero y nos pegamos apasionadamente a su boca, séase el Día Internacional de la Cerveza o no, estamos ejerciendo nuestro derecho a soñar.



http://www.riodoce.com.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=14620

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Re: Cerveza Pacífico cumple 110 años!

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